No Posarán
Fallen hearts of Southamerica.
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El sol detrás del sol
El sol detrás del sol
Atardecer stoner en Parque Avellaneda
Atardecer stoner en Parque Avellaneda


Katatonia en Argentina, Viernes 2 de Septiembre 2016

Noche del viernes 2 de septiembre de 2016. Mucho frío y viento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
A pocos minutos de las 23 horas, en el barrio de Balvanera, la avenida Corrientes comienza a poblarse de caminantes, quienes transitan y pasean buscando lugares donde cenar en los innumerables restaurantes y comedores al paso que se ubican uno al lado del otro. El tráfico vehicular aumenta de modo exponencial, particularmente en la zona del Shopping Abasto, uno de los lugares que usualmente es elegido como destino de muchos comensales. Es una zona preeminentemente turística, con un variado espectro de consumo, desde la oferta de bares tangueros y bodegones hasta la comida peruana.

Sin embargo allí, sobre la calle Guardia Vieja (a escasos 50 metros), una pequeña maraña de personas apretujadas y envueltas en emoción se aprestan para el final de un ritual largamente esperado. Siendo las 22:45, luego de un breve receso los suecos Katatonia salen al escenario para arrancar los bises con “My twin”, como parte de la gira “Fallen hearts of Southamerica 2016” que también los hizo visitar México y Chile, finalizando en Brasil. Es prácticamente el momento culminante de un ansiado orgasmo musical que tuvo que esperar por 5 largos años, desde aquella cálida noche de marzo de 2011 en el Roxy de Palermo, donde se presentaron por primera vez como parte de la gira “Night is the new day”.
Pero antes de los hechos, algunas consideraciones iniciales.

¿Katatonia? ¿De quiénes estamos hablando?
Jonas Renkse y Anders Nyström formaron Katatonia en Estocolmo, Suecia, allá por 1991, y como tantas bandas de la época, comenzaron incursionando en variables extremas del Death y Doom Metal, aunque con una temprana influencia Black Metal, esa que luego explotó por toda Noruega a fines de los ´90. Sin embargo, luego de los discos “Dance of december souls” y “Brave murder day”, Katatonia comenzó un oscuro camino de experimentación sonora y vocal que se manifestó en el “Discouraged ones”, álbum que marcó un evidente abandono de las voces guturales iniciales, la incursión en tiempos menos veloces, y una distorsión más clara y limpia, a la vez que un reencauzamiento en líricas retrospectivas, melancólicas y depresivas, proceso que se perfeccionó y profundizó en los siguientes “Tonight´s decisión” y “Last fair deal gone down” (para muchos su mejor álbum). Los posteriores “Viva emptiness”, “The great cold distance”, “Night is the new day”, “Dead end Kings” y “Dethroned & uncrowned” han visto a la banda experimentar en distorsiones, complejizar las composiciones y arreglos, la incorporación de teclados y samples, al igual que mayores juegos de voces y detalles de batería mucho más técnicos y progresivos. Katatonia hace rato que abandonó su cáscara inicial “metalera” para abordar caminos experimentales, profundizando en la oscuridad de los sentimientos, hecho que encuentra a la banda a veces inmersa en momentos Shoegazing, otros tantos Dark-Goth, pero principalmente habiendo desarrollado un sonido y un estilo propios, muy característicos que la hacen inclasificable en cualquier intento taxonómico posible.

A pesar de que pueda sonar a cliché, ciertamente no lo es. Katatonia ha grabado covers tanto de Judas Priest como de Jeff Buckley, lo que dice bastante respecto de sus gustos e intereses musicales.

De eventos, tecnologías y acontecimientos
El historiador y filósofo francés Michel De Certeau se refería a la noción de acontecimiento como: “… no es lo que podemos ver o saber, sino lo que pasa a ser”. El Tano Romano, en una entrevista respecto a lo que era escuchar Heavy Metal en su juventud, mencionaba que en sus tiempos juveniles, en plenos ´70 y ´80, muchas veces no había cassettes, y aquel que conseguía un disco, invitaba a sus amigos a su casa y escuchaban, entre todos, a las bandas. Luego, al retirarse a sus hogares, todos buscaban retener sonidos, ritmos y letras en sus memorias, marcando una impronta que hacía especial a aquella circunstancia.
En tiempos de globalización, ciudadanías 2.0 e hiperconsumismo, la gigantesca difusión de datos por infinitos medios actuales permite que prácticamente toda persona en cualquier lugar del mundo pueda escuchar, casi en el mismo momento en que se sube a Youtube, Bandcamp, MySpace, Spotify o SoundCloud (entre otras aplicaciones) cualquier lanzamiento de una banda, haciendo que los procesos sean diferentes. Estos mismos ámbitos incluso permiten el intercambio de opiniones o las críticas de seguidores con los músicos integrantes. La distancia con el músico o la banda se ha tornado difusa, a la vez que el proceso de difusión de una banda puede volverse infinitamente mucho más capilar, llegando a distancias y parajes inimaginables para los músicos. Se trata esta de una circunstancia y una experiencia muy distinta a la que relataba inicialmente el Tano Romano. Precisamente quizás radique allí mucho de lo que hace a Katatonia una prominente banda de culto: un pequeño tesoro o hallazgo para almas solitarias, aisladas y melancólicas, pero que a la vez, por azares de las tecnologías y avatares comerciales de los sellos discográficos, nunca será una banda de masas ni de multitudes.

Considerando que en la anterior ocasión en que Katatonia estuvo en Argentina (allá por 2011), la aplicación Whatsapp recién daba sus primeros pasos, es dable pensar que un evento como la venida de una banda constituiría todo un acontecimiento. Sin embargo, es preciso mencionar que la gira que trajo a Katatonia desplegó un interés central en personas que se encontraban a cientos, miles de kilómetros, y que vía ésta aplicación fue posible conectar y vincular (Facebook mediante), a pesar de las distancias. Quien aquí escribe vive en Capital Federal; sin embargo, tuvo la chance de participar de un entusiasta grupo de mensajería, donde había seguidores de lugares tan distantes como Entre Ríos, San Luis, Santa Cruz o incluso Paraguay, logrando constituir un ámbito de pertenencia y de conexión identitaria que de otro modo hubiese sido impensable. Se constituyeron lenguajes y sentidos en común (como por ejemplo, la palabra clave “flan”, entendido graciosamente como elemento de simpatía y afecto hacia el cantante Jonas Renkse a partir de su sobrepeso y la “necesidad de que abandone los postres”).
Efectivamente, esa soledad y aislamiento que caracteriza a muchos seguidores de Katatonia en nuestro país, ha encontrado a través de su gira la oportunidad de cohesionar lejanas singularidades en un hecho fundante o vinculante. Y ahora hablemos de lo que nos interesa, que es el show.

The Fall of Hearts
La web page de Uniclub (el lugar elegido para el recital por el sello organizador Icarus) anuncia que la capacidad física del local es de 630 personas. Considerando que solo se utilizó el espacio de la planta baja, y que una quinta parte del espacio físico era ocupada por el pequeño escenario, quien aquí escribe duda de que hubiese más de 130 o 150 personas (quizás un poco más con la gente ubicada en el entrepiso, espacio dedicado a quienes cubrían periodísticamente el evento o se preocupaban de manejar el sonido). De todos modos, las entradas se agotaron absolutamente para este evento: desde el jueves, Ticketek había anunciado que ya no disponía de las mismas, y hubo una pequeña batalla de nervios y rumores por conseguir tickets en otros lugares o como parte de la reventa hasta último momento.
¿Por qué se eligió un lugar tan pequeño y que, a priori no presentaba quizás una de las mejores acústicas locales para un evento de este tipo? Es difícil saber si eso respondió a problemas de disponibilidad de lugares y fechas, necesidades y posibilidades del sello, u otras circunstancias. Sin embargo, más de un comentario de los presentes fue crítico al respecto. Las presentaciones previas de Katatonia en México y Chile fueron en teatros, mientras que en Argentina se utilizó un lugar que se dedica a fiestas y festivales. Observar las colosales fotos de los escenarios de México y Chile contrastaron sensiblemente con lo apretado del escenario acondicionado para este evento, donde los músicos debieron moverse cuidadosamente toda la noche para no colisionar entre sí, llegando incluso a haber un par de ocasiones en donde el cantante Jonas Renkse pidió cuidado a quienes poguearon para no voltear el escenario.
Otra rareza: no hubo bandas soporte. ¿Por qué sucedió eso? En su reemplazo, se realizó un “playlist” (propuesto por los fans) que arrancó a las 19:30hs y terminó puntualmente a las 21hs. La extraña sensación de ausencia hacía pensar en un evento especialmente dedicado a sus seguidores, aunque también generaba dudas respecto a si la experiencia sería suficiente para satisfacer las expectativas de los asistentes.
Ciertamente, el balance fue positivo. Katatonia subió puntual al escenario, y su descarga de 23 canciones fue impecable. La maquinaria de sentimientos, fuerza y sensibilidad de los suecos desplegó todo lo que quienes asistimos esperábamos. El repaso de canciones es un muestrario preciso de lo que ha sembrado Katatonia a lo largo de sus últimos años, reproduciendo temas de sus grandes discos “Tonight´s decisión”, “Last fair deal gone down”, “Viva emptiness”, “The great cold distance”, “Night is the new day” y “Dead end kings”, dejando espacio para solo un par de canciones de su nuevo lanzamiento “Fall of hearts”, el pretexto que los trajo de gira por estas latitudes, las cuales, de todos modos, siguen constituyendo un claro sello de lo que significa Katatonia.
Muchas expectativas se habían generado por la presentación de sus nuevos miembros. El baterista Daniel Moilanen, a simple vista, daba la impresión de ser un geek nórdico, aunque apenas empezó a sonar la banda, y con la progresión de temas, resultó evidente su formación progresiva y técnica, aunque no por ello carente de fiereza. Por otro lado, el guitarrista Roger Öjersson, quien viene directamente de ser guitarrista de Tiamat, pero previamente miembro bajista de la banda Kamchatka, contrastaba visualmente con el color negro de la vestimenta del resto de la banda, y eso se refleja claramente en que Kamchatka es una banda orientada al Rock progresivo de los ´70. Öjersson subió al escenario con una camisa y un chaleco que daban una clara apariencia hippie típica de ese estilo de bandas. De todos modos, su labor fue concreta y potente, cumpliendo con solvencia la tarea.
El bajista Niklas Sundin se mostró conciso y afinado con el resto de la banda (la cual integra desde el “Dead end kings”). Anders “Blakkheim” Nyström cumplió acertadamente su faena, aunque por momentos pareció sonar un poco más bajo el volumen de su guitarra. Su rostro usualmente grave hizo lugar a varias sonrisas cada vez que el público local coreó las clásicas “Ole ole ole, ole ole ola… katatonia es un sentimiento, no puedo parar”, hecho que incluso llevó a que en un par de ocasiones agradeciese por micrófono la ofrenda coral de la pequeña muchedumbre.

Capítulo aparte merece la presencia en escenario de Jonas Renkse. Su prominente figura es casi un sinónimo de la banda. Vestido como siempre de negro, y con su rostro imperceptible por encontrarse cubierto por su cabellera, sus gestos y movimientos transmitieron de primera mano los sentimientos que genera la banda: soledad, oscuridad, tristeza y melancolía que fluyeron profusamente por todo Uniclub a través de su voz. Al terminar la tercer canción, alguien entre el público gritó “¡Gordo, ojalá no seas feliz nunca!” en clara referencia a lo que su presencia transmite. Y como establecimos previamente en esta reseña, durante muchas partes del recital hubo gritos haciendo referencia a los flanes y postres que Jonas debería suspender, un código que fue solamente perceptible para todos aquellos que nos vinculamos a través del Whatsapp, y que el resto de asistentes de seguro ignoró por completo.
Quien aquí reseña pudo observar a su alrededor no solo la casi exclusividad de remeras de la banda (o bandas paralelas de sus miembros, como Bloodbath y October Tide), sino a muchos asistentes llorando y lagrimeando a lo largo de las canciones, algo que rara vez es visible en un recital Metalero… pero como dijimos también previamente, hace rato que Katatonia es una banda y categoría en sí misma. Es imposible transmitir los sentimientos que atravesaron las almas y corazones presentes en aquella noche de viernes, aunque obviamente lo que aconteció en aquel pequeño recinto de la zona del Abasto contrastó por lejos con el resto de lo que tuvo lugar aquella noche en Buenos Aires.

¿Cuándo será la oportunidad de ver nuevamente a Katatonia en Buenos Aires? La espera llevó esta vez casi 5 años. ¿Será posible esperar para una próxima oportunidad un lugar más grande y con mejor sonido? Ojalá que sí. ¿Cuál será el rumbo que seguirá la banda en estos próximos tiempos? Imposible saberlo, aunque es evidente que, como siempre, seguirá siendo Katatonia, inclasificable pero reverenciable a la vez.
Retomemos entonces la reflexión inicial de Michel De Certeau sobre lo que constituye un acontecimiento. La dispersión y distancia de sus oyentes por latitudes tan lejanas ha sido una barrera francamente borrada, al menos mínimamente en esta oportunidad. El grupo de Whatsapp continúa funcionando, y se han generado relaciones y vínculos que han sobrevivido al show. Quizás sea germen de la generación de futuras bandas locales influenciadas por ellos, o al menos la semilla para futuros seguidores. Ya no tiene sentido reflexionar sobre lo que hemos visto o lo que sabemos sobre detalles técnicos y de sonido, sino que lo que importa es lo que su presentación ha dejado como impronta entre los asistentes. Si bien los músicos de Katatonia seguro lo desconozcan, los corazones y almas presentes en esa fría noche de viernes han sido tocados y alterados para siempre.

 

Reseña: Javier A. Rodríguez (Equipo Interdisciplinarios de Estudios Sociales sobre Heavy Metal Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.)
Fotos: Brenda

Por el Doc

 Hoy por la mañana, mientras iba en bicicleta hacia el microcentro, se me disparó la siguiente secuencia de pensamientos:
1) qué hermoso día de sol;
2) sí, como el del 24 de febrero;
3) ojalá siempre que uno adhiere a una huelga y va hacia la consecuente movilización se nos garantizara un hermoso día de sol (y nos encontráramos con una movilización masiva como la del 24).
Y ahí la secuencia de pensamientos se reenvió hacia dos películas.
4) La primera se me viene con frecuencia a la mente porque trabajo con aspectos relacionados a la prevención de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, pero en esta ocasión el motivo volvió a ser el sol. La película se llama “La clase obrera va al paraíso (Elio Petri, 1971)” y el protagonista es un obrero italiano cuyo elevadísimo y maquinal ritmo de trabajo es celebrado por la patronal y criticado por sus compañeros, ya que él -su ritmo de producción- se vuelve la medida standard que la patronal pretende que alcancen sus compañeros.

Totalmente alienado, un día tiene un accidente de trabajo. Ahora bien, la escena que se me vino a la mente, les decía, tenía que ver con el sol. Es una de las primeras escenas y en ella se ve a cientos de trabajadores entrando a una fábrica. Parado en el medio de estos cientos de trabajadores que marchan como un ejército hacia la fábrica y en dirección opuesta a ellos se ve a un activista –un estudiante universitario- que trata de disuadirlos y, megáfono en mano, les grita:
“Son las ocho de la mañana. Son las ocho de la mañana, cuando salgan ya habrá oscurecido... La luz del sol hoy no lucirá para ustedes. Se quemarán trabajando. ¡Ocho horas de trabajo! Al salir al final de la jornada verán que los han robado, sí, robado... Ocho horas de sus vidas. (…) Hoy después de 8 horas de trabajos forzados saldrán y estará oscuro.”.
Hubo un momento en el que los italianos te hacían una comedia con estos elementos.
5) La segunda película que se me vino a la mente ya no es una comedia sino un drama y plantea una situación muy distinta, casi opuesta. Casi. Acá el drama no es (tampoco) la privación del sol sino del trabajo, es decir, es un drama que tiene como telón de fondo la desocupación. La película es española y se llama “Los lunes al sol(Fernando León de Aranoa, 2002) y me parece que vale la pena verla en momentos como este para comprender desde las historias trágicas pero verosímiles de sus protagonistas –y ya no a partir de cifras impersonales como “65 mil contratos que se vencen” (que en todo caso no dejan de ser útiles para comprender la magnitud del problema)-, la miseria que en cada huelga, en cada movilización, en cada medida de fuerza, los trabajadores y trabajadoras estamos tratando de revertir. Creemos, además, que es posible.
Ya pelearemos por el derecho a los días o a las horas de sol, o para ejercer el control sobre nuestras propias vidas (algún día quizás hasta controlemos el clima), que en definitiva de eso se trata.

Buenos Aires, 30 de marzo de 2016

Por el Doc

Los Asteroides, Los Devas y Satan Dealers

16-01-2016, en Parque Avellaneda

 Los Asteroides y Los Devas telonearon a Satan Dealers en el marco de los Stoner Cycles, en una fecha que formó parte de la agenda de recitales gratuitos organizados por La Chacra de Los Remedios.

El tambo de la antigua chacra que es hoy el Parque Presidente Nicolás Avellaneda evocaba en mí a la casa que ilustra el primer disco de la tapa de Black Sabbath. No se parecen en nada en realidad, pero mientras sonaban Los Asteroides me parecía que solo faltaba alguna figura lúgubre completando la escena. En lugar de aquella mujer misteriosa, sin embargo, había gente paseando a sus perros, padres paseando a sus hijos y la fauna habitual de este hermoso parque a la que en esta oportunidad se le sumaron unos cuantos amantes del stoner rock. La movida fue organizada por la chacra de los remedios , un espacio que depende del gobierno de la ciudad de Buenos Aires pero que –como se encargó de subrayar uno de sus miembros en uno de los intermedios en los cuales se presentaba a las bandas- es manejado autónomamente por el grupo de vecinos que organiza las fechas que tienen lugar allí todos los sábados. En la ciudad post cromagnon, en la cual se hizo cada vez más complicado tocar, este lugar emerge como una sana anomalía. Probablemente haya sido la primera vez que sonó música stoner, esperemos que se repita.

Los Asteroides -Lucas Vecchio (guitarra), Mariano Cerbasi (bajo) y Alan Mikkelsen (batería)- inauguraron la jornada con su psicodelia stoner instrumental, a la que le siguió el set de Los Devas–Marcelo De la Fuente (guitarras y voz), Federico Midaglia (bajo) y Sebastián Pallares (batería)- que además de presentar temas de Vulkania y Experimental hicieron una versión del clásico de Pappo sucio y desprolijo.

Como es usual en estos festivales gratuitos y al aire libre, el paseo de artesanos incluía un puesto donde se podía colaborar con las bandas comprándoles sus materiales (cabe destacar que los músicos que participan de estos ciclos no cobran ningún cachet).

Caída la noche, la música stoner cedió su lugar a los Satan Dealers (más bien cercanos al garaje rock), liderados por un Adrián Outeda que se tomó unos segundos para aludir al complicado momento político y social que estamos atravesando y apostar por una escena que no se repliegue sobre sí misma. Si bien no ahondó en detalles, a uno se le vienen a la cabeza los despidos masivos que se dan a la par de un brutal ajuste sobre la clase trabajadora (mediante políticas de devaluación monetaria y tarifazos) u otros hechos tal vez más preocupantes como la detención de la militante popular Milagro Sala por el sólo hecho de protestar, lo cual tuvo lugar ese mismo sábado. Ante semejante revolución de la alegría, la oscuridad de la música stoner podría volverse un espacio desde donde puedan extraerse elementos de resistencia al menos en el plano estético (suele decirse que una ciudad industrial como Birmingham -en una época signada por la desocupación de la posguerra- no era un ambiente propicio para cualquier mierda hippie sino más bien para que nazca Black Sabbath). Cabe señalar que en el puesto donde se vendían discos las bandas también estaban recibiendo donaciones para un comedor de la Villa 31, respecto a lo cual Outeda reprochó -con razón- que los del público podríamos haber sido más solidarios.

Volviendo a lo musical, tras esta breve digresión de realidad que me permito en una crónica que a lo mejor sería más agradable replegada sobre sí misma, la banda versionó Moonage daydream a modo de homenaje a David Bowie, quien como ya sabemos lanzó recientemente su último disco –Blackstar- y partió de regreso a su planeta. Además hicieron su versión en castellano de Marea Alta (High Tide, de los Comsat Angels); tema ya registrado en Canciones para desertar (2012), disco que abría con Detrás del sol, también presente en el repertorio del sábado. También hubo canciones de El ardor de los perfumes prohibidos (2007) –como Nada tiene por qué y La calle brilla a mis pies, entre otras- y de su última producción, La eternidad en una hora (2015) –como Los silenciados y Oscuros muros , entre otras- la cual volverán a presentar el próximo 2 de abril en La Trastienda.